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Relato de María Regina Dillems || JUL'15

 

 

Todo pasó así:

 

Salimos felices del hotel. Yo casi saltando en una pata. Tomamos un taxi que nos llevó al terminal donde salen buses y colectivos para Tacna, no sé quién me dijo: si deseas ahorrar un poquito, podrías irte en bus y no en colectivo, así mismito lo hice puesto que me gusta estirar las piernas  entiéndase bien que dije " estirar"  y no abrir porque es pecado).

 

Bueno, partió el bus y yo casi cantaba el "vamos llegando chuai chuai" cuándo se produjo en Chacalluta (frontera Arica-Tacan) la primera interminable espera.

 

Comúnmente ese trámite podría demorarse una media horita...pero no... Sabes por qué?

 

¡Porque esta vez iba la hueona pues!

 

 

 

Anunciaron entonces de oído a oído que había en el país vecino (por no faltarles el respeto les digo así) un hermoso paro nacional.

 

La pobre hueona empezó a preocuparse. Pero como la tonta es optimista, se decía a sí misma "Mmm no pasa nada"; "ligerito se va a solucionar”; ”Ya vamos a partir".

 

Y así pasó y pasó el tiempo y la pobre mujer junto con todas las otras personas, decentitas y de las otras (digiera quien discrimina) tuvo que mamarse para abajo de la micro dos horas y trece minutos.

 

“Por fin partió la caga” dijeran las no muy señoritas, que no es mi caso.

 

 

 

Pero cuando estábamos en el centro casi de la llegada. Apareció una turba de unas 200 o más personas obligando a nuestro morenito conductor a bajarse y a bajar a los pasajeros.

 

A esa altura la mujer se decía a sí misma: "jajaja  qué divertido”; “Pues esto es un sueño mío"  " ya voy a despertar "; " jajaja qué simpático mi sueño...y cómo qué de repente quería llorar por el dolor de pie y el mal sueño.

 

Hasta que llegaron unos señores policías bien morenitos y nada de agraciados a dispersar la turba y a salvarnos la vida...menos mal… porque lo único que quiero es morir en mi país. Mi chilito más amado con toda su tropa de delincuentes de cuello y corbata y de lanzas por doquier.

 

Al fin como a las 12 del día llegamos adónde se hacen los cambios de sol a pesos.

 

Yo, absolutamente segura de mi inteligencia. Ya sabía que un Sol Peruano vale $ 200 pesos chilenos.

 

 

 

Tomamos un taxi particular y partimos pal centro...bueno...también había que pagarle al conductor...es decir conductor peruano....y descubrí en ese entonces que es más difícil que las rechucha pensar rápido en otro país. Y el señor que los discriminadores les dicen "indio de mierda", pensaba mucho más rápido que yo.

 

Pero otra vez el optimismo se hizo presa de mí, y me dije: "Pepito (mi marido y acompañante) ha viajado harto por el mundo...él me sacará de este apuro"

 

Entonces comenzamos ambos a sumar, y sumábamos y restábamos; y nos sonreíamos de vez en cuándo porque queríamos convencernos que sólo estábamos algo cansados. Lo más terrible era cómo nos miraban todos mientras hacíamos estas operaciones.

 

Nos bajamos del taxi y cuándo este partió, nos dimos cuenta que se nos había quedado dentro el bolso de mano, en el cuál iban mis lentes "cuneteados" para ver mejor y mis lentes preciosos argentinos.

 

Pepito cuándo observó mi cara de culo, y para que yo no llore me dijo "lo material se repone" la verdad es que no fue buena idea que me dijera eso, porque por la puta que eran lindos esos lentes.

 

Compré unas bonitas zapatillas y llegó la hora de almuerzo...mis primas (todas ariqueñas y frecuentes viajeras a esta ciudad), todas me habían hablado de la bendita gastronomía de los vecinos. Pero la verdad es que no sabíamos dónde cresta estábamos y no veíamos ni una weá para comer.

 

Preguntando y preguntando, nos dijeron "allá arriba hay restoranes"

 

Fuimos re felices. Pero la comida era menos que una "cagá" de pato; es decir poca y mala.

 

Más encima la mesera hija de... su mamá, nos cobró como 30 soles y no comimos nada de nada. Pepito comió la mitad y yo "ná de ná".

 

Chupé el jugo de limón que tenían las tres hojas de lechugas y las dejé ahí mismo.

 

Le dije sonriente a Pepito " yaaaaa no importa, en Arica compramos algo rico". El me miró bien serio y no me contestó ná.

 

Bueno a las dos y media ya veníamos de vuelta. Y después del control de equipaje nos pidieron los papelitos.

 

Papelitos?....por la cresta, yo tenía dos servilletas que me había dejado donde creí que almorzaría y naa pero naaa más.

 

Busqué en mi cartera una y otra vez, la vacié delante de todos, y qué vergüenza cuándo de adentro saltó un frasco de corega,  yo creo que todos creyeron que era mío.

 

Ahí estuvimos de oficina en oficina, cómo una hora hasta que salió por fin una vieja guatona con cara de jefa y bien fuerte me dijo: " oiga el caballero también perdió el papelito"?....y yo le dije" sí"

 

Multa: 6 lucas.

 

Resumen

 

Fui a comprar a Tacna por lo barato...y es aquí donde comprendí aquella frase de mi madrecita:

 

"Hija, lo barato cuesta caro".


María Regina Dillems y José Costa.

Arica – Tacna

 

Julio 2015

 

 

 

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