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PARTE 2 (de 3)_Luang Probang_Hanoi

Mientras pasaban las horas entre el calor y la poca ventilación, nuestra ropa y manos comenzó poco a poco a oler a"fierro de micro", y nuestro sudor dada la carencia de aire comenzó a mezclarse con el que había acumulado en los asientos de esponja, cuya cubierta plástica tenía más de alguna rasgadura que hacia al tacto la esponja que lo contenía.
A pesar de todo, no estábamos tan mal. Sabíamos que el viaje no iba a durar para siempre, y dado que estábamos muy pero muy cansados, producto de las 10 horas antes recorridas (Luang Probang - Vientianne), y las 5 horas de espera adentro de la micro, íbamos a conciliar el sueño en la tranquilidad de la noche. Lamentablemente nada de esto ocurrió. A la hora de ruta, nuestro transporte se detuvo en las típicas paradas donde uno compra algo, a margen de ganancia considerable para los comerciantes y para que el chofer también reciba su comisión.

El baño sirvió. No importaba si no habían ganas de ir. Era una situación de "ahora o nunca". La comida que venden en ese tipo de casino, era pestilente y un paquete de papas fritas, valía casi cuatro veces su valor.
Todo seguía si importar tanto. Me compré una botella de agua, y mientras encendía un cigarro, los daneses y los suecos se me acercaron a conversar. Algo así como para compartir esta agonía que por le momento seguía siendo entre risas y bromas irónicas por todo lo que estábamos viviendo, con jocosidad, y sin mayor reparo.
Los ánimos comenzaron a cambiar, cuando un canadiense de unos cuarenta años, se nos acercó de entre la oscuridad del lugar, y nos comentó que él había hecho este viaje anteriormente, y que para él había sido terrible, porque le habían robado todas sus pertenencias, y que en medio de la selva había visto a varios guerrilleros "anti occidental", portando fusiles.

Con esa última frase, hubo un mutis en el foro. Las sonrisas comenzaron poco a poco a desaparecer, y la anécdota de este viaje se disipaba como arena entre los dedos.
Atónita, la chica danesa comenzó a hablar en su idioma con su novio. Infiero que decía algo como: "está cosa se está poniendo color de hormiga...".
Pasaron algunos minutos en que estudiamos el recorrido todos juntos alumbrando con una linterna el "Lonely Planet", para intentar saber cuanto duraría este viaje y comezar así nuestros pronósticos.
El danés estaba concetrado en saber si había alguna ciudad entre medio del camino, porque tenía la idea de bajarse, y desde ahí que todos contratáramos un minibus. Después de todo, más de 20 dólares per cápita no nos iba a salir. Arrendar un minibus?. Que idea más mala. Acaso no se había dado cuenta este "gil", que estábamos en la mitad de la jungla que separa Laos con vietnam, dondecresta pensaba que íbamos a encontrar un rent a car?.
"Everything it´s ok", fue lo que salió como conclusión a nuestro primer encuentro como todo un pelotón que se cuidaba el uno al otro. Era obvio que nos estábamos persiguiendo más de la cuenta, y que la cosa no era tan terrible, pero en medio del cansancio, la mente puede jugar curiosas pasadas. Claro, uno es latino y algo sabe de este caos, pero los podres daneses y suecos, se notaba que todo esto de aventura no tenía nada, sino que ahora todo era una pesadilla.
Mientras unos iban nuevamente al baño o a comer, otros debían vigilar nuestros puestos dentro del bus y de vez en cuando salir a mirar que nuestras mochilas siguieran en el techo.
Parecía que nuevamente teníamos nuestros nervios bajo control, pero los 15 minutos de parada del bus, comenzaron a alargarse y alargarse.
A nadie en el bus le importaba que estuviéramos ya más de 1 hora parados, sólo a nosotros los turistas. De pronto el canadiense, quien dada su experiencia en terreno había pasado ser nuestro Comandante del grupo, dice apuntado con su mentón: "Check it out, the bloody driver and the rest of the staff bus are drinking over there...".
Todos miramos atónitos y yo dije para mis adentros: "no se puede creer esto... en medio de la selva, en plena oscuridad, sucio, sin poder ir al baño, con mosquitos portadores de malarias y quien sabe que más, transpirado entero por el calor y el repelente, acosado por chinos que me escupen en los pies y que quieren partirme la cara, con hambre, sueño y nervioso por mis pertenencias, y para colmo, estoy viendo como nuestro chofer, el mismo que nos tenía que hacer cruzar en un refrigerador con ruedas que botaba humo negro y cuyos frenos chillaban como grillos en cada curva, de las cientos de cuestas "puntiagudas", -como las que salen en los dibujos animados-, por un camino de precipicios, más encima de noche, y el perla de lo más feliz "chupando" cervezas, mientras reían viendo un estúpido programa de televisión ??".

Todo era tan bizarro que no se podía creer. Pasó otra media hora, -lo sabía por la cantidad de cigarrillos que ya me había fumado por minuto-, hasta que el chofer quien para mí era el mismisimo Lucifer, nos dice con una sonrisa mientras se sacaba restos de comida con la uña puntiaguda de su dedo meñique: "go friends". - Que amigo ni que nada; de que te ríes "chucha tu madre", me daban ganas de gritarle en la cara, mientras su risa jugosa seguía resonando en mis oídos".
Subimos al bus, y cada uno tomó su posición de combate. Nos miramos todos como deseandonos suerte y simplemente decidí callar y cerrar los ojos, entregándome a los que tuviera que pasar.....

 

 

 

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