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PARTE 1 (de 3)_ Luang probang_Hanoi

"Bueno, lo que viene por contar es toda una odisea digna de una película de aventuras, 

ó más bien de un libro de Sthepen King."

 

Dejamos el Hotel a las 05:30 AM, llegamos a las estación de buses. Ida al baño "sí ó sí", porque el bus no tenía, para ser más estrictos, un perfecto micro bus.

Salimos con destino a Veintanne. 10 horas de viaje. El paisaje era increíble, por lo que no fue tortuoso el camino que consistía en cuestas y cuestas sin cesar.

Todo bien hasta ahora. Bajamos del Micro bus, recorrimos parte de la ciudad capital, para subirnos nuevamente; esta vez a una micro.

No éramos los únicos extranjeros. Además había una pareja de daneses, una de suecos, un canadiense y tres ingleses. El problema partió cuando el nuestro "vehículo de transporte", demoró más de 5 horas de lo previsto en salir con nosotros adentro del mismo.

Luego, justo antes de partir, una vez que la policía ya había hecho su segunda ronda, se subieron 15 personas más entre laosinos y vietnamitas, con cajas, cervezas y sillas para sentarse en el pasillo.

Iniciamos nuestro recorrido con destino final Hanoi. 
El viaje estaba programado para que durara 22 horas, pero en realidad fueron como 26. Es decir, desde Luang Probang hasta Hanoi, anduvimos en total 36 horas en una micro repleta de gente. El olor a ajo mezclado con sudor sentados en sillas con forro de plástico que acomulaba la transpiración de cientos de personas y que para colmo, no eran reclinables.

La desesperación comenzó a aparecer poco a poco. Los que subieron al último minuto,-quienes eran los únicos indeseables, ya que guardo cariño por la amabilidad y respeto sobre todo de los Laosinos- , venían gritando y empujándonos. Estaban cargados de cervezas, nos miraban con recelo y burla, desafiándonos en todo momento. Se notaba que hacían bromas riéndose de nosotros. Todos apestaban, e intentaban sacarnos de nuestros asientos. Yo solo sonreía y "me hacía el leso", como si no entendiera nada.

No habíamos dejado la estación de buses, ya era de noche, nuestros bolsos estaban al principio de un cargamento en el techo, y llevábamos 5 horas detenidos. No podíamos bajar de la micro para no perder los asientos, que ahora apreciábamos como cigarrillos en un campo de concentración.

Quienes iban en el bus nos trataron muy mal. Nos acosaban y nos hacían preguntas en su idioma, mientras el resto reía como hienas. Sus aspectos eran sucios, y lejos lo peor de ellos, además de su olor, era que escupían con orgullo sendos cargajos en el mismo suelo del bus con sonidos guturales aún peores. Ante las burlas mal intencionadas de los orientales que se dedicaban a tomar y fumar dentro del bus, los tres ingleses a bordo, no aguantaron más y decidieron desertar del viaje, escapando entre las personas sentadas en el pasillo, provocando un breve caos en el bus, ya que cuando todos se dieron cuenta que iban a desocupar los asientos, se avalanzaron incluso con violencia para "ganar asiento". La sensación fue como la de cuando le sacan el tapón a la tina, y toda el agua comienza a girar hacia el epicentro de los tres asientos vacíos.

Desde afuera uno de los ingleses nos miró y se despidió de nosotros diciendo: "Good luck fellows...., we leave this fucking bus...we are going to fly....see you in Hanoi...".

Todos los turistas extranjeros nos miramos y entre palabras y "body language" a la distancia en medio del tumulto, nos acompañábamos y debatíamos si deberíamos hacer lo mismo que los ingleses.

Yo no lo pensé mucho; el viaje en avión era muy caro, estábamos ya inmersos en esta empresa, y no pensaba en desertar. Esto ya se había transformado en todo una cruzada, la cual debía concretar a como diera lugar.

Pensé en grandes gallardos y aventureros, para distraerme, y conseguir fuerzas para continuar esta travesía....

 

 


 

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